Vigésima quinta colaboración para x7
Cenizas y nieve
Gregory Colbert
Ashes and snow
Instalación (fotografías y videos)
The nomadic museum
Zócalo, Ciudad de México, D. F.
Desde el pasado 15 de diciembre, el Zócalo Capitalino luce un aspecto diferente, pues alberga a the nomadic museum, “el museo nómada”, una estructura de bambú de 6,000 metros cuadrados que contiene dos galerías y tres teatros, creada por el arquitecto colombiano Simón Vélez y el artista canadiense Gregory Colbert, expresamente para cobijar la instalación de este último titulada ashes and snow, “cenizas y nieve”
Del folleto de la instalación, leemos lo siguiente: “Ashes and snow es un proyecto continuo que entreteje trabajos fotográficos con películas, instalaciones de arte y una novela epistolar. La exposición consiste en más de 50 trabajos fotográficos a gran escala, una película de 60 minutos y dos cortometrajes al estilo haiku”. La muestra, patrocinada por The Rolex Institute, fue estrenada en el Arsenale de Venecia en 2002 y desde entonces ha viajado, en su museo nómada, a Nueva York, Los Ángeles y Tokio. En la Ciudad de México permanecerá del 15 de diciembre de 2007 al 27 de abril de 2008.
No nos detendremos a examinar la vastedad del proyecto ni que la instalación ha roto récord de visitas, sino que abordaremos la poética de la obra. Por el folleto de la exposición, sabemos que “Gregory Colbert comenzó su carrera en París haciendo documentales, lo cual lo llevó a convertirse en un gran fotógrafo de arte y cineasta”, lo cual se nota de inmediato en la belleza intrínseca de las imágenes que nos regala.
Gregory Colbert es un romántico, tiene el mismo gusto que Lord Byron y sus contemporáneos tenían por los lugares exóticos, lejos de la civilización occidental y sus males; así, no es extraño que “durante los últimos dieciséis años ha hecho más de cuarenta expediciones a India, Egipto, Birmania, Tonga, Sri Lanka, Namibia, Kenya, la Antártida, Borneo y otros lugares del mundo con el fin de fotografiar y filmar las interacciones entre el hombre y la naturaleza”. Nada más de escuchar esos nombres, la imaginación vuela y la boca se llena de un sabor a especias y sal marina. Pero, ¿no se trata de una huída, un deseo de escape y, además, imposible, pues no hay lugar sobre el globo donde no hayan llegado los tentáculos de la civilización occidental?
La obra de Gregory Colbert es profundamente religiosa. Etimológicamente, la palabra “religión” proviene del verbo latino “religare”, que significa volver a unir lo que estaba junto y ha sido separado. En la obra de Colbert, el hombre convive en armonía con la naturaleza, vuelve a formar parte de ella, a ser un animal entre los animales, puro como ellos.
Colbert juega con varios símbolos: Los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego, y el quinto elemento, representado por la Palabra, que los une y les da sentido. Recordemos que la Torah celeste, que es la Palabra de Dios, el Aliento Divino, está escrita con fuego negro y blanco. Y la Palabra es la que nos hace humanos, la que nos diferencia del resto de los seres. Es un puente, pero también es un muro. A través de los fragmentos de cartas que escuchamos en el más largo de los tres videos, sabemos que las palabras del narrador son una guía para su destinatario, pero también son la huella evidente de la distancia que los separa, infranqueable en tiempo y espacio.
El agua y la tierra son elementos maternos, femeninos, pasivos, el útero donde la vida se gesta, donde las raíces se alimentan. En cambio, el aire y el fuego son elementos paternos, masculinos, activos. De su unión, brotan vida y muerte.
Gregory Colbert es un utopista. En su mundo atemporal, el hombre y los animales conviven como iguales. Pero, como toda utopía, su mundo no tiene lugar, es sólo un ideal. Tal vez por eso, con cierto dejo de melancolía, tituló a su obra ashes and snow. El narrador nos ordena que quememos sus cartas y reguemos sus cenizas en la nieve, que se derretirá al llegar la primavera, pues nada habrá de permanecer. La palabra cenizas no me permite no pensar en los crematorios de los campos de concentración nazis, en las chimeneas industriales que vomitan humo negro. La palabra nieve no me permite no pensar, no sin justificada preocupación, en el futuro que nos espera si seguimos como hasta ahora. Afortunadamente, la obra de Colbert dibuja y nos regala un rayito de esperanza, no más que una línea en el agua, pero esperanza al fin.

