jueves, agosto 21, 2008

Vigésima novena colaboración para x7

La blancura de la ballena.
Moby Dick, de Herman Melville.

¿Qué sentido tiene hablar en este lugar acerca de un libro tan conocido? Creo que la verdadera pregunta es: ¿es realmente tan conocido? Quiero decir: todos conocemos la anécdota, pero eso es muy diferente a conocer realmente el libro, para lo cual hay que leerlo.

Todo comenzó cuando compré la novela. En el por todos identificable cajón de los libros, ubicado en una estación del Metro de la Ciudad de México que ahora mismo no recuerdo y no tiene importancia para el asunto que estamos tratando, atentamente me ofrecieron dos ejemplares diferentes. ¿Cuál era la diferencia entre ellos?: unas setecientas páginas y, supongo, la literatura. Porque creo que el carácter literario de un texto radica en que violenta el lenguaje, que es de todos y utilizamos en todo momento, haciendo un uso estético de él. Y lo estético no es lo bonito, ni siquiera se reduce a lo bello, pues lo feo, incluso lo abyecto son también categorías estéticas. No, lo estético es lo que pone en libre juego todas las capacidades sensitivas –por un momento quise escribir sensuales– e intelectivas del hombre: es decir, las sensaciones, los sentimientos, y la razón. –Nunca afirmaría que Moby Dick es bonita, en el sentido de agradable, muy al contrario, pero es realmente bella.

Con esto no quiero decir que la diégesis, es decir: la historia, no sea importante. Es muy importante: hay textos que nos atrapan por lo que dicen, porque hablan con sabiduría de la vida. Pero también es muy importante la poiesis, es decir: cómo se dice lo que se dice. Cuando diégesis y poiesis van de la mano y son igualmente buenas, nos encontramos ante una obra maestra, un clásico. Por ejemplo: Moby Dick.

Como todos mis amigos me conocen como un lector de mamotretos –los cuales tienen la ventaja de sostenerse por sí mismos verticalmente en el librero– y como me importa la experiencia literaria, es decir, estética, me decidí por el ejemplar más grueso, por el original, no la versión resumida.

Y bien podría no existir la ballena blanca; de hecho, la ballena blanca es un fantasma, un mero pretexto para la obsesión de un hombre: el endemoniado capitán Ahab, quien tiene una sola idea ocupando su mente, su ser todo: matar al cachalote para vengar la pérdida de su pierna. Ahab es la imagen especular de otro personaje de Melville, el protagonista de Bartleby el escribiente. Ahab ha decidido matar a la ballena y esa es su única elección; Bartleby ha decidido no decidir –“preferiría no”, es la frase que repite una y otra vez– y esa es su única elección. La ballena blanca es pretexto para otra cosa: la literatura. Aunque sólo aparece al final, su presencia fantasmal domina todo el libro.

Entonces, ¿qué pasa en tantos capítulos? Se nos explica todo acerca de las ballenas y su pesca, su historia, etc. Y se nos introduce poco a poco en una atmósfera cada vez más enrarecida, la cual alcanza su clímax en los últimos capítulos, en los que se nos narra la persecución de la ballena blanca, que dura tres días. ¿Coincidencia? Para nada: la novela es rica en referencias bíblicas. Bien se le ha interpretado como un libro, una travesía iniciática; es decir: una vez que pasas por él, no vuelves a ser el mismo. Los grandes libros, los clásicos, siempre son una relectura del principio, no sólo de la literatura, sino del pensamiento mismo: del mito. Es necesario recorrer todo el libro para comprender, para sentir plenamente sus últimos capítulos, de otra manera es como si concibiéramos al cerebro, o al corazón, aislado del resto del cuerpo.

Moby Dick es un libro muy de su tiempo, incluso demasiado: el epítome de la novela romántica de aventuras. Sería imposible que hoy alguien escribiera Moby Dick. Sería tan políticamente incorrecto: todos se quejarían, y con razón: los ecologistas, porque el tema principal es la caza de las ballenas, animales que ahora, y precisamente por la caza desmedida, se encuentran en peligro de extinción; las feministas, por la ausencia de personajes femeninos, y todos los demás, porque los hombres no occidentales, es decir: no americanos ni europeos, son presentados como caníbales, paganos y salvajes, ni más ni menos. Por supuesto, tales acusaciones sólo tendrían validez si la novela hubiera sido escrita hoy, pues cada obra debe tomarse en su contexto. Sería ridículo si descartáramos todo el arte que nos ha legado el pasado y que ahora es políticamente incorrecto.

Entonces, ¿qué les dice Moby Dick a los hombres del siglo XXI? Todo: en la novela está plasmado el drama humano en sus múltiples encarnaciones, la más terrible y, a la vez, la más grandiosa de las cuales es el capitán Ahab. Todos los hombres debemos enfrentarnos a nuestros demonios, a nuestra propia ballena blanca. Para eso tenemos a Moby Dick.

martes, agosto 12, 2008

De Kimya Dawson

LOOSE LIPS

loose lips might sink ships but loose gooses take trips
to san francisco, double dutch disco,
tech tv hottie, do it for scotty
do it for the living and do it for the dead
do it for the monsters under your bed
do it for the teenagers and do it for your mom
broken hearts hurt but they make us strong and

we won't stop until somebody calls the cops
and even then we'll start again and just pretend that
nothing ever happened

we won't stop until somebody calls the cops
and even then we'll start again and just pretend that
nothing ever happened

we're just dancing, we're just hugging,
singing, screaming, kissing, tugging
on the sleeve of how it used to be
how's it gonna be?
i'll drop kick russell stover, move into the starting over house
and know matt rouse and jest are watching me achieve my dreams

and we'll pray, all damn day, every day,
that all this shit our president has got us in will go away
while we strive to figure out a way we can survive
these trying times without losing our minds

so if you wanna burn yourself remember that I LOVE YOU
and if you wanna cut yourself remember that I LOVE YOU
and if you wanna kill yourself remember that I LOVE YOU
call me up before your dead, we can make some plans instead
send me an IM, i'll be your friend

shysters live from scheme to scheme and my 4th quarter pipe dreams
are seeming more and more worth fighting for
so i'll curate some situations, make my job a big vacation
and i'll say FUCK BUSH AND FUCK THIS WAR
my war paint is sharpie ink and i'll show you how much my shit stinks
and ask you what you think because your thoughts and words are powerful
they think we're disposable, well both my thumbs opposable
are spelled out on a double word and triple letter score

we won't stop until somebody calls the cops
and even then we'll start again and just pretend that
nothing ever happened

we won't stop until somebody calls the cops
and even then we'll start again and just pretend that
nothing ever happened

we're just dancing, we're just hugging,
singing, screaming, kissing, tugging
on the sleeve of how it used to be

viernes, agosto 08, 2008

Grandes fnales

Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio.

Albert Camus, El extranjero.

Grandes inicios

Hoy ha muerto mamá.

Albert Camus, El extranjero.

martes, agosto 05, 2008

Vigésima octava colaboración para x7

Pensando en ti.

Exposición de Julio Galán.

Ha llegado el turno de hablar de la segunda exposición que visité en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Aunque afirmé, y es cierto, que ambas muestras son maravillosas a su manera, también es cierto que Pensando en ti me gustó mucho más que Reflex. No quiero decir que la una sea mejor que la otra, sino que son diferentes, pues cada una muestra una concepción distinta del arte, ambas igualmente válidas –finalmente, ¿quién puede decir qué es y qué no es arte en nuestros días? –; pero, la obra de Julio Galán es más cercana a mi concepto personal del arte, el cual, debo admitirlo, es muy tradicional.

Lo que me encanta de Julio Galán es que es muy Julio Galán. Él es en sí mismo un personaje, inventado, creado por él mismo, pero completamente real –etimológicamente, la palabra persona deriva de máscara, las máscaras que eran utilizadas por los actores en el teatro griego, y realmente todos desempeñamos un papel, jugamos un personaje; los problemas surgen cuando no somos conscientes de ello, porque cerramos la posibilidad de jugar. No hay nada a lo que podamos llamar yo; y precisamente esa nada es lo más humano y divino de nosotros–. Por eso a él sí le creo, y le creo incondicionalmente. Lo que en muchos otros artistas es pose, en él es vivencia plena, esencia. Julio Galán es Julio Galán cuando juega, cuando se maquilla y se viste y se trasviste, y también cuando es un niño bueno, un hijo de buena familia –lo que realmente fue.

Andy Warhol afirmó sobre Julio Galán que él era el artista mexicano más importante del siglo XX. Creo que tal afirmación es excesiva –como lo era el mismo Warhol–, pero tal vez Julio Galán sea el artista más importante de su generación, que fue la del neo-mexicanismo, donde encontramos a otros grandes, como Enrique Guzmán –el pintor, no el cantante homónimo– y, el narcisista y habitante de Tenango del Valle, Nahum B. Zenil. En la década de los ochentas, el neo-mexicanismo le dio un nuevo impulso al arte mexicano, y cuestionó fuertemente las identidades: nacionales, sexuales, personales. Si agregamos a esto que, en el plano internacional, en la misma época nos encontramos a creadores de la talla de Julian Schnabel, Anselm Kiefer, Jean Michel Basquiat, Sigmar Polke y Francesco Clemente, con quienes Julio Galán se hablaba de tú a tú, tendremos una idea aproximada de la importancia de este enfant terrible del arte mexicano.

Algunos críticos han encontrado similitudes entre la obra de Julio Galán y la de Frida Kahlo. El propio artista decía que, quienes afirmaban que su trabajo era como el de Frida, no conocían realmente su obra ni la de Frida. Sin embargo, sí hay ciertas coincidencias entre ellos. Ambos son artistas vivenciales, para quienes vida y obra van de la mano, inseparables. Ambos beben de la fuente del arte popular; Julio Galán bebió, además, de otras fuentes, entre las que están, también, la pornografía gay, con toda su carga de estereotipos kitsch, y el arte religioso, lleno de erotismo enfermizo y también muy kitsch.

Hay un aspecto de la obra de Julio Galán que quiero tratar especialmente y es: la inclusión de la palabra. Pareciera que para el artista, a veces, la imagen no es suficiente, y entonces tiene que recurrir al texto, escribir sobre el cuadro. Y, al principio, la palabra es la Palabra paterna, es decir, la Ley, cuya función primordial es prohibir: “Puedes, pero no debes”; como decían las voces de los santos que asustaban al niño en su enorme habitación en penumbras. Pero luego la palabra se vuelve femenina, y se burla de la Ley, del Padre y del Logos. Con sarcasmo, con acidez, se burla, incluso, de sí misma: es cuando en el cuadro aparecen fragmentos de canciones populares: las canciones del macho José Alfredo Jiménez, las cuales, seamos sinceros, cantamos todos cuando estamos ardidos, cuando más nos duele, especialmente si estamos borrachos, de tequila, por supuesto: cuando te hablen de amor y de ilusiones / y te ofrezcan el sol y el cielo entero / si te acuerdas de mí, no me menciones / porque vas a sentir amor del bueno… ¡Ay, ay, ay! Y luego la palabra se convierte en puro gesto, en grito, en aullido, en mancha que rompe la perfección del cuadro y, al mismo tiempo, lo completa.

La pintura de Julio Galán crea un mundo personalísimo, muy propio de Julio Galán, al cual podemos acceder sólo si decodificamos sus símbolos. Pero el símbolo es, por definición, polisémico, por lo que toda obra de arte es una obra abierta por naturaleza, poseedora de múltiples significaciones posibles. Es como entrar a la casa de los espejos, donde cada espejo nos devuelve una imagen deformada, no sólo del artista, sino también, y más importante, de cada uno de nosotros espectadores. Esta relación es lo que podemos definir como hecho estético, es decir, lo que hace que el arte sea arte.

El arte de Vik Muniz es conceptual; con un gran dominio técnico, nos exige pensar para acceder al juego que nos propone, al humor. En cambio, el arte de Julio Galán nos exige, ante todo, sentir; y ello no quiere decir que sea un arte más fácil, al contrario, creo que la obra de Julio Galán es mucho más difícil de penetrar, de decodificar; como lo dije unas líneas más arriba, es una obra riquísima en símbolos personalísimos, que construyen una mitología propia.

No pueden perder la oportunidad de apreciar la retrospectiva de Julio Galán que, desde el 3 de julio y hasta el 26 de octubre, se encuentra en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, después de haber estado en el MARCO, de Monterrey, y el Museo Amparo, de Puebla. Es muy probable que una muestra tal jamás vuelva a reunirse, pues la obra de este precoz y genial artista mexicano, muerto, qué lástima, tan prematuramente, está toda vendida, pertenece a diferentes colecciones alrededor del mundo.