lunes, noviembre 17, 2008

Impreso en un paquete de mentas Usher

Hay más divinidad en el arte que en la ciencia; la ciencia descubre, el arte crea.

jueves, noviembre 06, 2008

La palabra, la imagen y el no-yo

Tengo el gran reto de desarrollar, en máximo una cuartilla, la relación que encuentro entre la palabra, la imagen y el no-yo. Para hacerlo, comenzaré por la relación entre la palabra y el no-yo, que abordaré desde la perspectiva del creador, del poeta.

Comencé a ser un verdadero poeta cuando aprendí que la poesía no es expresión, o, por lo menos, no lo es únicamente. La expresión no es lo más importante en el poema, sino el libre juego estético con la palabra –aunque no puedo negar que hay poemas cuyo valor principal es expresivo y que considero son muy buenos poemas; incluso algunos se encuentran entre mis preferidos: pienso en el terrible, por sincero y conmovedor, Kaddish, de Allen Ginsberg–. Pero aun en estos poemas expresivos hay un algo más que no es expresión, un excedente de sentido, inaprehensible, que identifico con el no-yo, tanto del autor como del lector. Mis propios poemas con los que me he sentido más satisfecho, son aquéllos en los que he encontrado de manera más clara este excedente de sentido que, a pesar de tener una conciencia absoluta de lo que he escrito, lo y me rebasa, y es no-yo; y ante este no-yo, debo confesarlo, no he sentido tanto asombro como miedo, el miedo que se siente ante todo lo desconocido, lo extraño.

Como consumidor y estudioso de las imágenes, también encuentro en ellas este excedente de sentido. Siempre hay, tanto en las palabras como en las imágenes, algo inaprehensible, intraducible, inexpresable, que rebasa las metodologías interpretativas. Como afirma Gadamer en su ensayo La estética y la hermenéutica: “Lo que nos dice algo, como aquel que a uno le dice algo, es una cosa extraña en el sentido de que nos sobrepasa”. Y esta extrañeza que radica en el excedente, es lo que identifico como el no-yo.