martes, abril 28, 2009

Rabí Amnuna el viejo dijo: Detrás de cada gran mujer... hay un gran amigo gay.

sábado, abril 18, 2009

Rabí Amnuna el viejo dijo: Papaya... ni en jugo.

martes, abril 14, 2009

Palabras para ser calumniado

(a partir de tres textos)

PRIMERA FOTOGRAFÍA DE HITLER

Wislawa Szymborska

¿Y quién es este niño con su camisita?
Pero ¡si es Adolfito, el hijo de los Hitler!
¿Tal vez llegue a ser un doctor en leyes?
¿O quizá tenor en la ópera de Viena?
¿De quién es esta manita, de quién la orejita, el ojito, la naricita?
¿De quién la barriguita llena de leche? ¿No se sabe todavía?
¿De un impresor, de un médico, de un comerciante, de un cura?
¿A dónde irán estos graciosos piececitos, a dónde?
¿A la huerta, a la escuela, a la oficina, a la boda
tal vez con la hija del alcalde?

Cielito, angelito, corazoncito, amorcito,
cuando hace un año vino al mundo,
no faltaron señales en el cielo y en la tierra:
un sol de primavera, geranios en las ventanas,
música de organillo en el patio,
un presagio favorable envuelto en un fino papel de color rosa.

Antes del parto, su madre tuvo un sueño profético:
ver una paloma en sueños, será una buena noticia;
capturarla, llegará un visitante largamente esperado.
Toc, toc, quién es, así late el corazón de Adolfito.

Chupete, pañal, babero, sonaja,
el niño, gracias a Dios, está sano, toquemos madera,
se parece a los padres, al gatito en el cesto,
a los niños de todos los demás álbumes de familia.
Ah, no nos pondremos a llorar ahora, ¿verdad?,
mira, mira, el pajarito, ahora mismo lo suelta el fotógrafo.

Atelier Klinger, Grabenstrasse, Braunen,
y Braunen no es una muy grande, pero es una digna ciudad,
sólidas empresas, amistosos vecinos,
olor a pastel de levadura y a jabón de lavar.

No se oye el aullido de los perros, ni los pasos del destino.
El maestro de historia se afloja el cuello
y bosteza encima de los cuadernos.

Traducción de Abel A. Murcia

Szymborska, Wislawa. (2008) Poesía no completa. México: Fondo de Cultura Económica, p. p. 309-310.

ALL THERE IS TO KNOW ABOUT ADOLPH EICHMANN

Leonard Cohen

Eyes: ................................................................ Medium
Hair: ................................................................. Medium
Weight: ............................................................ Medium
Height: ............................................................. Medium
Distinguishing features: ................................ None
Number of fingers: ........................................ Ten
Number of toes: ............................................. Ten
Intelligence: .................................................... Medium

What did you expect?

Talons?

Oversize incisors?

Green saliva?

Madness?

Cohen, Leonard. (2001) Flores para Hitler. Madrid: Visor, p. 114.

El tercer texto no lo pongo aquí, pero su lectura permea mi reflexión, y es Kaddish por el hijo no nacido, de Imre Kertész, publicado en Barcelona por la editorial Acantilado.

Todos los asesinos de hombres, tuvieron una madre, una infancia. Tal vez hijos. Alguien que los amó -y no sólo Eva Braun.

Lo verdaderamente monstruoso es que el Holocausto sí tiene explicación, y está en la naturaleza humana.

Pero el hombre tiene también una maravillosa capacidad de amar, incluso a lo no-humano, a lo no-vivo.

¡Oh, Jeffrey!, tengo unas ganas terribles de matar a alguien.

Palabras para ser calumniado

(y que, Dios no lo quiera, los amigos dejen de hablarme)

"Creo que no me entendieron". El suicidio de Hitler y sus compinches, pudo haberlos convertido en héroes, en mártires de una causa perdida, a todas luces indefendible; y si no, fue por los aliados, quienes supieron disponer de los cuerpos. No así el de Mishima, quien debió haberse matado en 1945, cuando el emperador renunció a su divinidad y a su trono. Si Mishima hubiera muerto con su mundo, hubiera sido un héroe, no un payaso. "Creo que no me entendieron". ¿Entendiste?

Virginia camina hacia el río Ouse con los bolsillos llenos de piedras. Alfonsina se entrega, por última vez, al abrazo del mar. Sylvia abre el paso del gas, pero no enciende el horno. En Portbou, Benjamin se pega un tiro. Antonieta lo hace en una banca de Notre Dame.

Nota al pie a la trigésima cuarta colaboración para x7

¡Oh, héroes!, permanezcan en el limbo del arte; porque en la vida, son unos hijosdeputa.

Trigésima cuarta colaboración para x7

Huérfanos. Ayunos.

a Coral Herrera

Sin duda, nuestro modelo son los héroes homéricos. Pero no el Ulises de la Odisea, sino los de la Ilíada. En la Odisea, el protagonista, astuto, engatusador, infiel, hipócrita, no es un héroe; lo son su hijo Telémaco y, sobre todo, su esposa Penélope. Hay, entre las dos obras, tan grandes diferencias, no sólo estilísticas, sino de pensamiento, tan diferentes concepciones del mundo y del hombre, que son argumento suficiente para creer que no fueron compuestas por una sola persona y que hay entre su creación un paréntesis de varios siglos, o una violenta revolución en el mundo de las ideas. ¡Oh, rapsoda ciego de la arenosa Quíos!, ¿eres sólo un fantasma?, ¿el simulacro de un padre –de un dios– que nos construimos para mal-disimular nuestra orfandad, nuestra absoluta miseria?

Orfandad. En la Ilíada vive y muere la última generación de hombres de cuyos asuntos se ocuparon directamente los dioses. Su posterior silencio, hará dudar de su existencia y tachar a la epopeya de mera fábula. ¿El triunfo de la filosofía sobre la poesía? ¿Y la razón poética, que nos descubre verdades que la razón no ve?

La Ilíada, siendo aun mito, marca el final del tiempo mítico y el principio del histórico. El tiempo mítico permanece fuera del discurrir cotidiano; es un pasado absoluto, un pasado que nunca fue presente, pero que está siempre presente.

Aquiles era el mejor de los guerreros aqueos y, ante él, nos sentimos pequeñitos, alfeñiques, insignificantes, cucarachitas. Sin embargo, cuando se le arengaba, constantemente se le recordaba que era mucho menos que su padre y los demás héroes de antaño, del pasado de ese pasado absoluto que es el tiempo mítico. Entonces, ¿qué nos queda a nosotros, pobres hombres y no más, abandonados en la casa de expósitos de la historia?, ¿qué se dirá de nosotros, que no somos dignos de desatarle las sandalias, no ya a Aquiles, sino al menor de los héroes homéricos?

Para avanzar, debemos aventurar una definición: héroe es quien sigue una pasión o una idea hasta sus últimas consecuencias –los antiguos hubieran dicho su destino. Ciertamente, un deseo o su negación. Hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta la muerte. ¿Necedad?, seguramente. ¿Patología?, incluso.

Nótese, que se dijo solamente una pasión o una idea, no una pasión o una idea moralmente buena, porque también puede haber heroísmo en la maldad. He ahí el anti-héroe, a quien el prefijo no le resta nada de su condición. Por ejemplo, Maldoror, cuya pureza lo hace semejante a un ángel. Y todo ángel es terrible, ya lo sabemos. Aquiles es iracundo, soberbio y egoísta, no tiene las virtudes cívicas de Héctor, pero es de una sola pieza y sólo el amor, una pasión más grande, puede doblegarlo. Los héroes no tienen revés. Jesucristo dijo: “fríos o calientes, porque a los tibios los vomito”. Y las huestes angelicales que no decidieron entre permanecer fieles a Dios o seguir a Luzbel en su rebelión, no tienen lugar en el cielo ni en el infierno. Porque el anti-héroe no teme al infierno, lo ve, por sobre el hombro, como su justo fin.

Entonces, lo opuesto al héroe es la tibieza, la mediocridad. El héroe es todo él cuando ama y cuando mata. El no-héroe es avaro en el amor, parco en los placeres, cordial en el odio, sonriente en la traición… los remordimientos lo carcomen, pero no le impiden actuar… aunque, en realidad, no actúa, él no actúa, a él todo le pasa; no tiene decisión ni destino, es víctima, ante todo es víctima, de la casualidad. Pues el héroe da sentido a aquello que fundamentalmente carece de él: la vida.

De entre los héroes griegos, Héctor; pero, sobre todo, Antígona, quien no carecía de afectos ni estaba impedida para la vida; tal vez fuera necia; pero, jamás, arbitraria, pues obedecía a una ley superior al despotismo de Creonte, una ley superior a los mismos dioses. No es que no amara a su prometido Hemón o a su hermana Ismene, es que sus afectos debían estar, por encima de todo, con Polinices, el hermano muerto e insepulto, pues el destino eterno de su alma estaba en riesgo.

Ahora los héroes no abundan. No digo ya en la vida, donde jamás lo hicieron, sino en el arte, donde deberían morar para inspirarnos, aunque nunca podamos alcanzarlos. Ésta no es una época para epopeyas ni tragedias, ahora ya nadie muere ni mata por amor, por una pasión mayor que la vida misma. Un repaso rápido a muchas de las grandes novelas –¿en realidad la épica de nuestros días?– del siglo XX nos muestra el museo de la miseria humana, de la mediocridad. Pocos son sus protagonistas que tienen, no se diga ya las virtudes cívicas de Héctor, el amor filial de Antígona, la justicia de Medea, sino, aunque sea, el cinismo puro de Silvio Astier, el anti-héroe de El juguete rabioso, de Roberto Arlt, que, sin embargo, nos sabe a poco.

No obstante, aún hay algunos héroes. Por ejemplo, en El señor de los anillos; pero no tanto Frodo Bolsón como Samsagaz Gamyi, pues al primero, si bien carga con la responsabilidad de ser el portador del anillo hasta sus últimas consecuencias, ésta le es impuesta por casualidad y varias veces se ve tentado a abandonarla; en cambio, Samsagaz decide seguir y proteger a su señor Frodo, y lleva esta decisión hasta los fuegos de Mordor. No olvidemos que El señor de los anillos, como la Ilíada, narra los estertores de un mundo, el paso del mito a la historia.

En el cine, tenemos, por ejemplo, a Selma Jezkova, protagonista de Dancer in the dark, de Lars von Trier, quien no casualmente antes hizo una adaptación de Medea para la pantalla chica, y después, las películas Dogville y Manderlay, entre otras. Dancer in the dark es una puesta al día de la tragedia griega, por eso es tan difícil de digerir para nuestros estómagos.

Y también tenemos a los héroes de Sin City, que reencarnan la épica caballeresca en un mundo corrupto. O los de 300, aunque este cómic y la película están basados en hechos históricos, y embebidos de una asquerosa ideología pro-yanqui.

Es curioso que ahora los héroes estén en el cine –pero no a lo Schwarzenegger y compañía, que provocan risa– y en las historietas, y ya no tanto en la literatura. Tal vez ésta se volvió demasiado consciente para engañarse. Lo cierto es que los más grandes héroes artísticos han nacido en épocas de crisis, cuando un mundo muere para dar a luz otro.

Hasta el momento, hemos suspendido el juicio moral, lo cual está muy bien en las artes, pero no en la vida, pues, sin él, resulta que el nihilismo activo, a lo talibán o cualquier otro fundamentalismo, puede ser tan heroico como la resistencia pacífica; no así el nihilismo pasivo, que siempre será mediocre. Uno puede y debe decidir sobre la propia vida, pero no sobre la ajena. Las normas son necesarias para que no nos matemos unos a otros. Hay que saber conducir el deseo; pero no hay una “cura” en el psicoanálisis ni en la catarsis, pues la cura sería la completitud de la falta y la muerte del deseo, es decir, la del sujeto, que se funda y sostiene trémulo precisamente sobre la falta y el consiguiente deseo insoluble.

Hay ciertas cosas por las que vale la pena vivir, más allá de la simple pervivencia, no sólo individual, sino colectiva, y también morir. Como dice Imre Kertész, el conocimiento es el deber religioso del hombre, y Hermann Broch agrega que el arte es la búsqueda del conocimiento de la muerte incognoscible, y Georges Bataille concluye, en esta unión arbitraria de citas, que la cercanía con la muerte es también la máxima cercanía con la vida y lo sagrado.

lunes, abril 13, 2009

De Virgina Woolf

-Yo oprimo esta mano en la mía -dijo Susana-. Oprimo firmemente esta mano, no importa de quién sea, con amor, con odio, poco importa si es el amor o el odio.

Woolf, Virginia. (2007) Las olas. México: Axial, p. 178.

jueves, abril 09, 2009

Rabí Amnuna el viejo dijo: La diferencia entre un buga y un gay es una botella de tequila.

Rabí Guillaume el sabio corrigió: Media, media.

De Georges Bernanos

La poesía no es nada si no es el canto de nuestra propia miseria.

De Guillermo Fernández

aunque el poeta insista en su tarea inútil
de expulsar la arena milenaria que anega la palabra,
y ya vacía, la llene con su angustia

Fernández, Guillermo. (2006) Exutorio. Poesía reunida, 1964-2003. México: Fondo de Cultura Económica, p. 100.

martes, abril 07, 2009

De Jorge Boccanera

MONÓLOGO DEL NECIO

¿Quién escribe? El hambre. La voracidad escarba,
agita un esperpento con los ojos vacíos. No hay letra,
hay dentellada. Lo que repuja y muerde.
Feroz el escribir: cada tecla un muñón, clavo
que raya el muslo del silencio.
¿Quién responde? Una voz corroída. Punta
de un corazón mellado que va sobre su presa
respirando preguntas.
Eso se come. Gula del vacío.

viernes, abril 03, 2009

cuatro palabras de cuatro letras

mi nombre: saúl
vida
amor
puto

poesía se escribe con "p" de puta

jueves, abril 02, 2009

Trigésima tercera colaboración para x7

Una jaula fue a buscar un pájaro.

Escogí este aforismo de Franz Kafka para titular mi reseña sobre El buen canario, de Zach Helm, porque creo que resume la naturaleza compleja y paradójica de la obra de teatro.

Sin embargo, antes de comenzar, debo hacer una aclaración importantísima: no pude ver la puesta en escena, dirigida por John Malkovich, con las actuaciones de Diego Luna, Daniel Jiménez Cacho, Bruno Bichir e Irene Azuela, quien interpreta a la protagonista y, según todas las críticas que he consultado, se lleva la obra, opacando incluso el trabajo de sus compañeros actores, que cuentan con carreras más largas y mayor reconocimiento. Y fue una lástima, porque me gusta mucho el teatro, género literario que sólo vive realmente sobre los escenarios, entre el instante en el que sube el telón y en el que baja por última vez.

Pero, como no la vi, no voy a hablar aquí de ella, ni mucho menos de lo que significa para el teatro en México, cuyo estado, francamente, ignoro, a pesar de tener algunos amigos que se dedican a él. Nunca hablo de libros que no he leído ni de obras que desconozco, o que, simplemente, no me gustan o no me interesan. No sé, ni me importa, si esto es una norma ética; no me atrevería a llamarlo con tales palabras; pero me permite continuar escribiendo sin cargos de conciencia que no pueda sobrellevar.

Todo lo que tengo para trabajar es el texto que Zach Helm escribió a los veintidós años –número que no significa nada, pues el talento y la calidad del trabajo no están relacionados con la edad; aunque sí con la experiencia de una vida interior rica, de reflexión y, así lo creo, de muchas lecturas, en el sentido más amplio de la palabra. Ahí el caso paradigmático de Arthur Rimbaud, quien dejó de escribir a los diecinueve años–. El libreto de Helm ha sido publicado en nuestro país por la editorial Sexto Piso.

La verdadera materia de la literatura es la lengua, las palabras, que son fondo y forma, con las que están hechos las situaciones y los personajes. En El buen canario, los diálogos de los personajes, es decir, lo que ellos son, son, en su mayoría, mínimos y, aparentemente, banales –como nuestras conversaciones cotidianas, si las observamos con un poco de atención. Imagino que, en el original en inglés, deben predominar los monosílabos. Incluso, cuando los personajes se explayan, sus diálogos no dicen más que sus silencios, tan llenos de sentido, como en un texto poético o musical –el uso de la música en El buen canario, donde no es sólo acompañamiento, sino parte central de la acción, expresando lo que los personajes callan o contradiciendo lo que dicen, requeriría un estudio aparte, para desentrañar todas sus relaciones de intertextualidad. Y es que uno de los temas centrales en El buen canario es el de la comunicación, o incomunicación, humana.

Sobre todo, en la pareja, donde tampoco nada queda claro. ¿Cuáles son los verdaderos motivos para que Jack se haga cargo por completo de Annie y la proteja del mundo exterior, pero, al mismo tiempo, la vea suicidarse poco a poco sin hacer nada, hasta que ya es demasiado tarde, es decir, no la proteja de sí misma? ¿Es egoísmo o amor, o los dos en dosis inciertas? ¿Cuál es el límite entre el respeto y el amor, que es, siempre, una violencia contra el otro y contra el sí mismo –sexo anal sin lubricante? Afirmar que la evasión es la respuesta del hombre posmoderno igualitario en un mundo posfeminista, como lo hace Fabrizio Mejía Madrid, en su texto Ornitología, que acompaña al libreto en la edición de Sexto Piso, no sólo es una salida fácil, y machista, sino peligrosa. –Por cierto, Mejía Madrid sólo menciona a su mujer una vez, en la penúltima línea de su texto. Ella no lo acompaña al teatro, se queda en casa, es decir, en su jaula, como buen canario, esperándolo para cenar. Pero no digo más, porque, seguramente, estoy sobre y malinterpretando, contra cuyos riesgos, Susan Sontag, una mujer terriblemente inteligente, ya nos advirtió desde hace muchos años. No tengo el gusto de conocer a la pareja. Y, aun así, no tendría el derecho de juzgarla. Lo que sí puedo juzgar es el texto. Y, ni el del John Malkovich, que es un hombre tan inteligente y sensible, ni el de Fabrizio Mejía Madrid, que es el cronista más joven antologado por Carlos Monsiváis en la última edición de A ustedes les consta, además de narrador con un par de éxitos importantes y el sentido del humor, un poco petulante, característico de los intelectuales de clase media, en la edición de Sexto Piso, ni el mío, que están leyendo, agregan nada al de Zach Helm. Así que mejor cierren esta página y vayan a leer El buen canario.

Éste también cuestiona la institución del arte, donde hay empresarios culturales que no leen, editores abusivos y críticos imbéciles –¡sí, no sólo en nuestro país!, aunque mal de muchos es consuelo de tontos. Y la relación de la obra con la vida, específicamente cuando la primera supera a la segunda: Virgilio enferma mortalmente en un viaje de investigación a Asia Menor con el fin de terminar la Eneida; Emily Dickinson, en un cautiverio auto-impuesto en la casa paterna, garrapatea arañitas sobre papel de estraza; el dinero que su hermano Theo trabajosamente le manda para sufragar su subsistencia, Van Gogh lo gasta en comprar lienzos y óleos, y, cuando se le acaban, vuelve a pintar sobre obras ya terminadas; Kafka escupe sangre sobre el manuscrito de la Metamorfosis, que trabaja durante noches enteras, después de días de oficina, negándole a su cuerpo el bien ganado descanso que tanto necesitaba, and so on

¿El arte justifica la existencia o, en realidad, la no-existencia? ¿Una pintura, una escultura, un par de alejandrinos, valen la infelicidad o la muerte de alguien? ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua? ¿En qué piensa Sylvia con medio cuerpo dentro del horno?

El buen canario no da ninguna respuesta. Sólo plantea muchas, acuciantes preguntas. Ahí radica su mayor riqueza.

Un pájaro fue a buscar una jaula.