martes, julio 21, 2009

Diario de viaje I

a Sergio Ernesto Ríos

1.

comenzó con enfermedad
dolor
y sangre

2.

Tiene razón Andrés: Todos llevamos un Gran Falo dentro -por eso algunos caminan tan derechitos.

3.

Los dos son flacos y hermosos y flacos; pero, hacen sexo, y eso es una cochinada. Deberían vivir como hermanos. Cátaros. Perfectos.

4.

La noche. La mar. Alfonsina. Manuel.

NRDA

5.

En Aca puedes comprar alcohol
y beberlo donde quieras
puedes comprar perico y mota
puedes comprar una mujer
puedes comprar un hombre

pero

no puedes echarte
una meada feliz
en la playa

6.

Rabí Amnuna el viejo dijo: Lo que más teme el macho, es al homosexual.

Rabí Guillaume el sabio corrigió: No, lo que más teme el macho, es a sí mismo.

7.

¡Oh, no! ¡Soy un latah del habla!

8.

Iba a decir que la mar es una oscurísima vagina; pero, no es cierto. Es un estómago digiriendo toda la mierda del mundo.

domingo, julio 12, 2009

Trigésima séptima colaboración para x7

Por una escritura femenina.
a Coral Herrera

Aspiro a profesar una escritura femenina. Lo cual no quiere decir que pretenda hablar de mis amores, ni de mi vida doméstica, ni, mucho menos, de mis partes pudendas, ni obligar a mis lectores a entrar en mis textos armados de impermeable y paraguas. Esto nunca ha sido una escritura femenina, sino una masculina travestida: el modelo, el molde que los hombres han impuesto a las mujeres que escriben, y que muchas han asumido con poco cerebro y demasiada mansedumbre.

La verdadera escritura femenina es rebelde. Pone la Ley del Padre en entredicho para colocar en su lugar el habla de la madre, que no es dulce solamente, sino también abyecta y caníbal, como las bacantes que en el delirio ebrio devoraban a sus hijos, a los cachorros que apenas hace un instante amamantaban. La Ley del Padre instaura un orden, el habla de la madre mina sus cimientos tembleques; se abisma. Ella, fluida, acuosa, láctea, le recuerda al yo que las murallas que levanta para defenderse del exterior, no son límites inamovibles, sino apenas pantallas de papel japonés, translúcido y frágil; fronteras que se superponen y fluctúan. Ella sabe que el lenguaje está fundado en la falta, que es la delación de la ausencia: el signo es lo que está en lugar de la cosa. Ella derriba el becerro de oro y lo sustituye: diosa-madre que da y quita la vida.

Las estrategias de la escritura femenina son muchas. A veces, se disfraza de escritura masculina travestida para mejor socavar los discursos dominantes, desde adentro, como un parásito. También usa el humor, la parodia, el cinismo. Trastoca la sintaxis. Abre los finales. Confunde los géneros. Vive en la frontera. Procura multiplicar los sentidos, aumentar la polisemia.

La escritura femenina no es privativa de las mujeres. La cualidad femenina es una postura, una actitud reflexiva, metalingüística, sobre la escritura. Podríamos identificarla con lo que Gilles Deleuze denomina literatura menor: aquella que, desde su interior, aumenta la entropía en el sistema de una lengua.

Trigésima sexta colaboración para x7

Nota sobre la poesía.

a Guillermo Fernández

Hay un mal frecuente entre los escribidores: la creencia, que atenta contra el sentido común, de que la materia de la poesía es sentimiento o idea. Ni el primero, ni la segunda. La materia de la poesía es la palabra, sin la cual no existirían los anteriores. Lacan afirmó que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. El pensamiento es lenguaje. Sólo llevamos al campo de la experiencia lo que podemos nombrar y, por lo tanto, es. El hombre es un ser de lenguaje; no está en el mundo, sino en la palabra. Y el lenguaje es la casa del Ser. El Verbo de Dios que aleteaba sobre las aguas: el Verbo que es Dios.

Aproximadamente a mediados del siglo XIX, apareció una tendencia común a todas las artes, que cobró fuerza en el siglo XX: una búsqueda de la materia, de lo propio de cada arte, desechando lo accesorio. Este camino desembocó en el abstraccionismo, en el minimalismo. En literatura, surgieron la poesía pura y las narraciones que no cuentan nada, que son un puro regodearse del lenguaje en sí mismo. En el primer poema de Una temporada en el infierno, Rimbaud habla de “quienes aman en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas”. El poeta da forma o no-forma a sus visiones, afirma en su famosa carta a Paul Demeny del 15 de mayo de 1871. La brecha que abrió este joven abuelo con suelas de viento, fue seguida por Lautréamont, por Mallarmé, y adelante. Adoramos la sabiduría en la literatura, pero la adoramos porque está vestida de palabras, armiños o andrajos, forma o no forma, y desnuda no sería.

Pero no tenemos que adelantarnos tanto. Por definición, la naturaleza literaria de un texto es dada por su uso estético del lenguaje. Es decir, la función primordial de la literatura nunca ha sido comunicar –entonces todo sería tan fácil–, sino crear; aunque comunique, pues no podemos abandonar la carga semántica de las palabras. La Ilíada es un clásico no sólo por el valor de sus héroes, sino, ante todo, por la belleza de sus hexámetros. Si no, qué sería de Safo, de quien sólo nos quedan rebabas. Y los poetas del Siglo de Oro estuvieron tan obsesionados por la forma o aun más que nosotros. La labor del poeta es renovar el sentido de la palabra, pervertido por la cosificación y el utilitarismo cotidianos; así tenga que destruirla y crear un nuevo lenguaje, tal como Huidobro, Artaud, Girondo. La poesía es la exploración de las posibilidades estéticas del lenguaje, si vale aventurar una definición, sujeta con alfileres en el aire.

Por eso, no hay tema que sea o no sea poético. Ni el amor, ni la muerte, ni Dios son más poéticos que una piedra, una taza de café o el sonido de una cañería. Quevedo escribió sonetos al ojo del culo. Y también lo hicieron Rimbaud y Verlaine.

Ninguna utilidad tiene la poesía para el poeta, que la vive como una necesidad molesta o, a lo sumo, como un placer culposo. En Fragmentos de un discurso amoroso, Barthes afirma: “Saber que no se escribe para el otro, saber que esas cosas que voy a escribir no me harán jamás amar por quien amo, saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás; tal es el comienzo de la escritura”.

Para los cabalistas, la Creación divina es un acto de creación lingüística; entonces, en el acto poético, el hombre es un pequeño dios. Pero hay poetisos y poetisas que se obstinan en rebajar la poesía al panfleto o al chillido. Y sólo es un chillido lo que profieren, no poesía, que es “el llanto de los niños tontos”, pero no como creen ellos.

lunes, julio 06, 2009

Impreso en un paquete de mentas Usher

Amigo reconciliado, enemigo agazapado.

miércoles, julio 01, 2009

Rabí Amnuna el viejo dijo: El clero es la burocracia de la fe.